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Estrategia sanitaria global «America First»: cuando la ayuda se convierte en imperio
En septiembre de 2025, el Estrategia Global de Salud «America First» (AFGHS) establece un plan para utilizar la diplomacia sanitaria mundial y la ayuda exterior con el fin de hacer que Estados Unidos sea “más seguro, más fuerte y más próspero”, al tiempo que afirma que pondrá fin a “las ineficiencias, el despilfarro y la dependencia”. Al mismo tiempo, supone un cambio radical con respecto a décadas de cooperación sanitaria mundial bipartidista, ya que el presupuesto de la administración para el año fiscal 2026 prevé un recorte de 621 TP3T en la ayuda exterior para la salud.
Con el lanzamiento de la AFGHS, la salud mundial se replantea como una estrategia política explícita para perseguir la ventaja nacional estadounidense. Este cambio redefine las prioridades en torno a la ideología y la alineación política interna, en lugar de las necesidades basadas en la evidencia o la equidad mundial, dejando de lado los servicios rutinarios y esenciales en favor de una preparación para brotes definida de manera restrictiva. También promueve un modelo que “afirma la apropiación nacional solo de manera retórica”, al tiempo que dicta cómo los países del Sur Global deben diseñar sus estrategias de salud, establecer prioridades e implementar programas, incluso a través de memorandos de entendimiento bilaterales que colocan a Estados Unidos “al volante” de las agendas nacionales de salud.
La AFGHS también promueve un reajuste fundamental que se aleja de una agenda basada en los derechos y se orienta hacia una agenda comercial, posicionando la asistencia sanitaria mundial como un vehículo para expandir los mercados de las tecnologías estadounidenses. Enmarca a África como “un continente de importancia estratégica para los intereses nacionales de Estados Unidos”, citando “minerales clave y elementos de tierras raras” vinculados a aplicaciones militares y comerciales, y muestra cómo la asistencia sanitaria puede convertirse en una ventaja en las negociaciones. En este contexto, la “soberanía sanitaria” se utiliza como una fachada que corre el riesgo de vaciar los sistemas de salud nacionales del Sur Global, en beneficio de los intereses del capital privado, al tiempo que debilita la coordinación multilateral y la gobernanza sanitaria mundial compartida.