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Derecho al aborto: América Latina sueña lo imposible

La directora ejecutiva de Fòs Feminista, Giselle Carino, pronunció las siguientes palabras durante un foro organizado por el Centro de Derechos Reproductivos en enero de 2022.

Buenos días y buenas tardes a todos. Es un placer participar hoy en esta conversación. Agradezco a Rebecca Brown por la invitación, y también a mis colegas Nancy, el Dr. T y la profesora Michele por este diálogo tan importante. Como directora ejecutiva de Fòs Feminista, hoy hablo aquí desde la experiencia compartida con otras activistas de la salud, los derechos y la justicia sexuales y reproductivos de América Latina y el Caribe, y del Sur Global. 

Seguimos las noticias sobre los retrocesos y los riesgos para las garantías constitucionales del derecho al aborto en Estados Unidos no solo con preocupación por el impacto global que supone la pérdida de un precedente legal histórico, sino también con gran solidaridad, especialmente hacia las mujeres y las niñas más afectadas en el acceso a las necesidades básicas de salud sexual y reproductiva, en particular las que son negras, jóvenes o pobres. Nuestra solidaridad proviene de la experiencia concreta de conectar nuestras opresiones.  

El momento histórico que estamos viviendo está marcado por el contagio, y no solo en lo que respecta a las pandemias: el avance de la agenda antigénero y antiderchos en Estados Unidos no solo influye en el avance del autoritarismo en el Sur Global, sino que también lo alimenta. Este escenario global de creciente política antigénero, sofisticada en su uso del lenguaje de los derechos y la supuesta protección de las mujeres, las familias y los niños, es parte de lo que ha hecho posible llegar a este punto en la amenaza a Roe contra Wade. Mientras la administración Trump consolidaba un Tribunal Supremo contrario a los derechos, el Brasil de Bolsonaro también se sumaba a la política exterior contraria al género, y avanzaba la ofensiva en Polonia que restablecía la prohibición casi total del aborto.  

Es posible contar la historia de este momento de ataques contra los derechos al aborto en Estados Unidos como una disputa interna entre republicanos y demócratas que dura más de medio siglo y que tendrá repercusiones en todo el mundo debido a la posición geopolítica de Estados Unidos. Pero esa visión interna y basada en el poder de este país, aunque cierta, es incompleta. La solidaridad feminista es más que un valor para la transformación de lo local a lo global; es una nueva forma de entender que las transformaciones y las resistencias están interconectadas por el sistema de contagio permanente. Si, por un lado, tenemos en contra lo que se denomina “ideología de género”, como ejemplo del fanatismo de nuestro tiempo a escala global, por otro lado, tenemos a nuestro favor los crecientes movimientos feministas con diferentes composiciones y con el vigor de las nuevas generaciones, como se ve en Argentina o Chile. Solo con una sociedad civil fuerte desde el feminismo estamos preparados para responder y resistir los ataques que, a diferencia del pasado, están mucho más interconectados a nivel global. 

Por lo tanto, mi objetivo hoy es defender la importancia de la articulación con el Sur Global en este momento de lucha por los derechos al aborto en Estados Unidos. Y aquí es importante señalar que, en tiempos tan difíciles de autoritarismo antigénero, COVID-19 y crecientes desigualdades, en América Latina hemos logrado victorias históricas en la lucha por los derechos al aborto. Por lo tanto, creo que el contagio feminista también es posible, y es nuestra misión.            

En Fòs Feminista, entendemos que este es un momento para fortalecer alianzas, pensar juntas y reforzar los caminos de solidaridad. Por eso comparto hoy algunas lecciones aprendidas sobre la lucha por los derechos al aborto en dos ámbitos:  

  1. Sabemos cuánto afecta la política interna de este país al Sur Global. Lo sabemos por los efectos de la Ley Mordaza Global. No creo que tenga que demostrar a este público hasta qué punto la política interna de este país es también política global.
  2. A diferencia del pasado, cuando la propagación de ideas iba de norte a sur, el nuevo orden de conexión moral es multidireccional. Va de sur a sur, de sur a norte, es decir, en múltiples direcciones. ¿Por qué es esto importante? Porque aquí reside la esperanza feminista de transformación: en la permanencia de los movimientos feministas en todas partes y en la interconexión entre ellos.

Todos sabemos lo que es la Ley Mordaza Global. Desde la década de 1980, cada vez que un presidente republicano asume el cargo en Estados Unidos, se restablece la prohibición de conceder ayuda internacional en materia de planificación familiar y salud reproductiva a organizaciones extranjeras que estén involucradas de alguna manera con el aborto, incluso si lo hacen con fondos no estadounidenses y aunque la legislación estadounidense lo permita.  

La versión de la Ley Mordaza Global de la Administración Trump fue más allá en su autoritarismo antigénero, ya que amplió las restricciones a la atención médica materno-infantil, la nutrición, el VIH/SIDA, la tuberculosis, la malaria, las enfermedades infecciosas y los programas de agua, saneamiento e higiene, lo que provocó trastornos con repercusiones a largo plazo en los sistemas de salud nacionales afectados.  

Ha pasado un año desde que la administración Biden derogó la última versión de la política, pero aún no se ha producido una derogación permanente, y sus perjuicios son estructurales, lo que crea el efecto contrario al deseado de “reducir los abortos”. La retirada de fondos a las organizaciones y redes que prestan servicios de salud sexual y reproductiva, incluido el acceso a anticonceptivos y a información y educación sexual, conduce a un aumento de los embarazos no deseados y, por lo tanto, de los abortos, que a su vez se vuelven más inseguros. La investigación de la profesora Yana Rodgers, basada en datos de 2001 a 2008, mostró que las mujeres de América Latina tenían tres veces más probabilidades de abortar mientras la Ley Mordaza Global estaba en vigor.   

¿Cómo pudimos resistirnos a la Ley Mordaza Global, documentar y denunciar sus impactos y la naturalización del uso de los cuerpos y las vidas de las mujeres y las niñas del Sur Global como campos de batalla imperialistas? Este es el trabajo incansable de la sociedad civil y los movimientos feministas.  

No es posible resistir ni avanzar en la defensa global de la salud, los derechos y la justicia sexuales y reproductivos sin la resiliencia creativa de los movimientos feministas, que por lo tanto deben recibir apoyo y financiación continuos. Se trata de una labor laboriosa y constante, sin resultados inmediatos en términos de métricas de éxito, es decir, sin cambios inmediatos para los donantes del Norte. Las recientes experiencias de avances en la legalización del aborto en América Latina y el Caribe, consideradas sorprendentes por muchos, son prueba de ello.  

La Ola Verde “contagió” a la región. En los últimos dos años hemos sido testigos de importantes avances en un momento político que parecería ser uno de los más desfavorables, durante la pandemia de Covid-19, pero estos cambios no se produjeron de la noche a la mañana. Son el resultado de una resistencia feminista local y continua. Podemos pensar en breves ejemplos en Argentina, México y Colombia:  

  • A finales de 2020, el Congreso de Argentina aprobó la legalización del aborto hasta las 12 semanas de embarazo. Esta victoria en un país católico con una economía debilitada se debió a la capacidad de los movimientos sociales, que trabajaron en articulación durante casi dos décadas, para generar una solidaridad expansiva, para hablar no solo con los feminismos, sino también con los profesionales de la salud, con los grupos religiosos progresistas, con los periodistas y comunicadores que llevaron el tema a otras audiencias y otras partes del país. 
  • En 2021, varios estados mexicanos hicieron lo mismo que Argentina, y en septiembre la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró inconstitucional la penalización del aborto en el país. En respuesta a las recientes restricciones al aborto impuestas en Texas, las activistas mexicanas ya están promoviendo estrategias de solidaridad en la frontera entre Estados Unidos y México para garantizar que las mujeres y niñas estadounidenses tengan acceso al aborto médico con acompañamiento feminista. Este es un ejemplo del poder de la interconexión feminista. América Latina y el Caribe siguen siendo la región con algunas de las leyes sobre el aborto más restrictivas del mundo, pero el descubrimiento del aborto con misoprostol en la región está aumentando la seguridad del aborto y cambiando las estrategias de defensa. 
  • En 2021, la Corte Constitucional de Colombia avanzó en un caso que podría conducir a la eliminación del delito de aborto del código penal del país. Se trata de una vía jurídica muy sofisticada, un escenario en el que el aborto no tiene nada que ver con el delito, la policía o la justicia penal, sino que se trata exclusivamente como una cuestión de salud. ¿Cómo avanzó ese debate? No fue gracias al genio de grandes mentes jurídicas, sino al trabajo de los movimientos feministas colombianos, que demostraron que, aunque desde una decisión constitucional de 2006 hay muchas menos restricciones legales al aborto en el país, eso no se tradujo en un mayor acceso para las personas que más lo necesitan. Hay otra lección feminista aquí: las protecciones legales o constitucionales de los derechos al aborto son parte de la lucha, pero no ofrecen una garantía de implementación o acceso; ese es un trabajo a largo plazo que requiere la participación continua de los movimientos feministas.       

Todos estos avances, que tal vez hace una década hubieran sido impensables, se lograron gracias a años de movilización feminista y al poder del contagio, de la interconexión entre movimientos.  

Como organizaciones internacionales, movimientos y donantes con poder y responsabilidad, debemos actuar de manera solidaria, resistiendo los intentos de establecer un orden de transformación necesario, como si el cambio político se produjera en procesos lineales o siguiendo modelos teóricos. La fuerza feminista para la transformación proviene de la interconexión de los movimientos, y es nuestro deber luchar para garantizarles consistencia en el apoyo, la financiación y las oportunidades de conexión y “contagio”.